Futuro inaceptable:
«Un agonizante siglo XXII»

Pogo, el legendario líder de Los Peores de Chile, exguitarrista de Fiskales Ad-Hok, parte del programa Melodías Subterráneas e inquieto artista visual, vuelve a la carga con Morfopunk. Historias cotidianas de un futuro inaceptable, un libro de relatos interconectados ambientados en un Chile futurista, derruido y distópico. En el futuro que nos presenta Pogo todo el mundo debe usar su mascarilla para evitar el contagio de la pandemia de moda o porque el aire simplemente ya no se puede respirar. Relatos trepidantes, con una estética ciberpunk a la chilena, Pogo nos deslumbra con una imaginación desbordante que, curiosamente, a partir del estallido social y la pandemia, ya no parece tan lejana.

En esta entrevista Pogo nos habla de qué va el libro, sus influencias y expectativas y, por supuesto, nos entrega un diagnóstico muy sui generis de la realidad actual.

por Santiago-Ander Editorial

¿De qué se trata tu último libro Morfopunk?

Es un recorrido ingrato por un futuro que se ve cada día más cercano. Lo localicé en nuestra ciudad, Santiago, porque me fascina destruir esta atosigante ciudad y reconstruirla después al nivel que se merece. Son una serie de cuentos interconectados, de personas cotidianas, en sus quehaceres diarios en un Santiago quizás no tan irreconocible.

¿Cómo surgió la idea de crear todo este mundo, qué recorres en los relatos de Morfopunk?

Desde pequeño me empapé de literatura fantástica, sobre todo ciencia ficción y anticipación. Este último género siempre me llamó la atención, el de arrastrar el mundo real a situaciones inverosímiles, manteniendo el contexto de espacio-tiempo con la realidad que conocemos. Qué mejor que tomar Santiago de Chile y arrastrarlo a un estado de catástrofe interminable e irremediable. Con un puñado de perdedores que intentan, infructuosamente, salvar sus irrelevantes vidas en una ciudad que expira minuto a minuto. ¿Algún parecido con la realidad nuestra?

¿Con qué tipo de personajes se van a encontrar quienes lean tu libro?

Quienes se atrevan a husmear en las páginas del libro encontrarán personajes como uno, quizás manejando algún tipo de tecnología todavía inaccesible a nosotros en tiempo actual, pero personajes reconocibles en sus vidas; ambiciones, particularidades, nosotros mismos empujados a un agonizante siglo XXII sin que nadie se los preguntara.

¿Qué influencias o inspiraciones reconoces en tu trabajo con Morfopunk?

Las imágenes que recrean mi trabajo saltan directamente de mi enferma cabeza. No he leído nada de estilo ciberpunk salvo los cómics qué leía por los ‘80, en especial Rank Xerox, que fue el primer vistazo en tiempo real de lo que se nos acercaba. Luego, por supuesto, están los innumerables films que han retratado futuros distópicos. En películas creo haber visto casi todo lo que se ha hecho. Aunque sí debo declarar que leí 1984 de Orwell, que muestra un universo dictatorial y unipolar; también creo que entra en la descripción distópica la novela de Camus, La Peste; y, por supuesto, Fahrenheit 451 de Ray Bradbury.

¿Crees que este libro de cierta manera se conecta o coincide con aspectos de la realidad desde el comienzo de la pandemia en adelante? 

Era inevitable que aparecieran algunos hechos parecidos. De eso se trata el futuro, de sufrimiento e iniquidad para una gran mayoría y unos pocos con casi todo. Solo que aquí, en Chile, el futuro será aun peor, somos un país cutre, con un nivel social muy bajo y con una natural antipatía hacia el progreso interior. Por eso que instalo a Chile en una muy mala posición, ni siquiera los privilegiados han podido mantener sus pocos beneficios. Y mueren día a día, creyendo que aún manejan la supremacía. Y sí, es un poco lo que yo veo en mi día a día, un país que se va al garete, y todos preocupados que nadie pise su propio metro cuadrado.

¿Cuál es tu relación interna con la ciencia ficción, la distopía y el ciberpunk?

Desde pequeño viajaba por los universos que imaginaban los escritores, y me hacían salir de mi esclavitud infantil y de oscuros departamentos de Santiago Centro a lugares inimaginables. De a poco fui entendiendo el mundo y, llegado a la madurez, comprendí que el camino que nos trazaban desde hace décadas empezaba a mostrarse. Por los ‘80 comenzaron a darse forma las primeras tribus urbanas, un aviso de que la era de las masas y de los ismos empezaba a declinar ante la embestida del individualismo colectivo o, sencillamente, la era del Yo. La era del Sálvese Quien Pueda. El futuro había llegado y nunca nos dimos cuenta.

¿Qué tan importante crees que es la inclusión del humor (negro) en tu narrativa?

Es imposible narrar una cotidianidad humana, de Chile o cualquier país, sin que te cause alguna risa o, peor aún, un profundo escarnio al patético circo de la vida. No somos más que unos orangutanes con teléfonos inteligentes y por esa razón, por una absoluta falta de desarrollo de nuestros axones cerebrales, tenemos nuestro planeta como lo tenemos. ¿Hay qué enojarse? Pues sí. Pero solo un poco, ya que el patetismo de nuestras acciones, a mí solo me llevan a una risa apaisada, pero risa al fin.

¿Llegará Chile a un estado de cosas como las retratadas en el libro?

Es inevitable. Hemos estado viviendo en el borde de la navaja por siglos, y todo debido a que somos un país fascinado en su propio sueño de mediocridad en vías de un arribismo que no se completa jamás. Y cuando el mundo se resiente de un golpe en su grueso trasero, a nosotros nos tienen que hacer una cirugía a corazón abierto. Así de insignificantes y frágiles somos. Si no cae un meteorito o se declara la Tercera Guerra Mundial y todo se borra de un plumazo, lo más seguro es que nos veamos en circunstancias cercanas a las de los personajes de los cuentos, o si no recuerden lo que pasó en Concepción para el terremoto del 2010, un atisbo de lo que se nos puede venir encima.

Este libro se escribió antes del estallido social y de la pandemia, ¿hay algo de visionario o de profeta profano en ti?

No, por favor, eso nunca. Ya lo he explicado en respuestas anteriores. Hay sucesos que son y serán inevitables como, por ejemplo, las pandemias. Es algo que vienen profetizando los científicos desde hace décadas. Hemos tenido amagues de lo que podía ser una enfermedad a nivel global desde el VIH, pasando por el Ébola y todos los malditos Sars de los últimos años. Era cuestión de tiempo, vernos inmersos en una película de serie B y en blanco y negro. Hemos pasado un año casi completo como extras de una mala película de viernes por la noche. No me es muy difícil vislumbrar el futuro que nos aguarda, en un país que ha sido usufructuado por unos pocos durante siglos, cualquier divagación de un futuro inestable, por extravagante que sea, seguramente coincidirá con lo que el destino nos aguarda.

Hoy en día la ciencia ha creado los xenobots; imaginemos que un medio neuroconservador del futuro escriba: “Un morfopunk se genera a partir de su historia y medioambiente, un organismo codificado según la información recibida, genética de la supervivencia”. El Azogue (Panfleto militar-onírico). ¿Qué opinión te merece el devenir de la biotecnología y lo que conocemos como humanidad?

El ser humano ha demostrado con creces que su talento e imaginación sin límites solo es comparable con su infinita capacidad para la autodestrucción. El futuro del hombre es caer nuevamente en la Era del Fuego cubiertos por pieles alrededor de una fogata. ¿Qué se puede hacer para evitar ese inevitable final? Para algunos (y desgraciadamente no pocos) la única perspectiva de solución sería un gobierno global de corte autárquico; otros en búsqueda de un Führer de salvación nacional que nos lleve a una solución final de mil años. A partir de las democracias iliberales podríamos decir que los sueños de una “ilibertad” ya se asoman por el mundo. Hungría, Polonia, Inglaterra, Brasil, los Estados Unidos, son ejemplos de cómo un populismo deprimido, odioso, puede llevar a autócratas dispuestos a recortar los derechos de las personas por un “bien superior”. Hay quienes apuestan por la manipulación genética para reprimir nuestras bajezas congénitas y así llevarnos a un mundo idílico de entidades biológicas constructivas por un bien común. Pero el razonamiento humano es mucho más complejo como para ser mejorado en un laboratorio biotecnológico. No creo que tengamos espacio en el futuro de la humanidad como la especie que somos en la actualidad, amén de los incalculables baremos que nos amoldan y arrastran a lo que somos y hacemos. Creo que el futuro de la raza humana estará encerrado en los microchips insertados en los cerebros de robots. Y nuestra naturaleza primitiva estará condicionada y reprimida por una verdadera inteligencia, la artificial.

Enero de 2021

Más info:

https://santiagoander.wordpress.com/2021/01/16/morfopunk-lo-nuevo-de-pogo/

Lanzamiento:

https://santiagoander.wordpress.com/2021/01/18/lanzamiento-morfopunk-de-pogo/

Preventa y packs:

https://santiagoander.wordpress.com/2021/01/18/preventa-y-morfopacks/

*Fotos Kalimera